Guerra comercial. Montaje: Víctor Sánchez Franco (Periodismo Globalizado)

En el último año se han intensificado las noticias, rumores y comentarios sobre la llamada guerra comercial entre Estados Unidos y China. En un tira y afloja entre ambas superpotencias, los conceptos macroeconómicos y otros tecnicismos han aflorado de la mano de los expertos en materia con el objetivo de intentar explicarnos cuáles son las posibles consecuencias de cada paso o decisión que toma uno y otro bloque y cómo incluso podría afectarnos en términos económicos. Más allá de las casi tesis doctorales que circulan por la web acerca del asunto o las noticias del día a día sobre las últimas declaraciones provocativas del presidente Trump hacia el gobierno chino, se podría decir que no abundan los textos que persiguen explicar todo este galimatías económico al ciudadano corriente.

Nos hablan de la venta de bonos, del PIB, de los aranceles a productos, pero salvo que uno tenga la fortuna de ser licenciado en ciencias económicas o sea un experto en noticias de este ámbito, no va a comprender en la totalidad lo que se nos intenta contar por norma general. Humildemente intentaré plasmar los puntos clave de esta llamada guerra comercial del modo más sencillo posible, pese a no ser ningún gurú ni experto en ciencias económicas.

¿A qué se refieren con “Guerra Comercial”?

En resumidas cuentas, una guerra comercial tiene como objetivo principal sabotear el mercado o la economía de otro país o países. En este caso, el presidente norteamericano fue el primero en lanzar la pelota al tejado chino a través del aumento de los aranceles a los productos chinos. Recientemente, medios como CNN han confirmado que desde la Casa Blanca han activado aranceles del 15% a productos chinos. Cabe decir, que la respuesta no se ha demorado demasiado y el gobierno de Xi Jinping ha activado aranceles del 10% sobre Estados Unidos.

Bien, llegados a este punto se puede deducir que ambas potencias intentan boicotearse, pero ¿qué significa activar aranceles del 10 o 15%?

Los aranceles se asemejan a un tipo de impuesto que debe pagarse a la hora de importar un producto extranjero (por lo general, aunque puede existir también en las exportaciones). Cuanto más alto sea ese arancel, más costará importar el producto o productos extranjeros, en este caso los chinos (visto desde la perspectiva norteamericana) o los estadounidenses (visto desde la perspectiva china).

Ahora bien, ¿qué se pretende cuando se establecen aranceles elevados como en esta situación? Pues básicamente dos cosas: en primer lugar, frenar o dificultar que el otro país pueda vender lo que genera (al menos a esa nación), y, en segundo lugar, favorecer la industria propia. Cuando hablamos de países como China o Estados Unidos, las cantidades de productos importados y exportados son muy elevadas y cualquier freno o boicot puede suponer problemas económicos notables.

Desde la administración norteamericana apuestan por impulsar y favorecer la industria nacional y renegar de ciertos productos extranjeros como está siendo el caso de los chinos. Como se podía esperar, la respuesta oriental no ha tardado en hacerse efectiva como contragolpe.

Una vez establecidos los conceptos principales de la denominada guerra comercial, ya es posible ahondar algo más en las consecuencias y situaciones derivadas de la imposición bidireccional de aranceles sobre productos.

¿Qué supone la activación de estas medidas arancelarias?

Como se comenta previamente, al tratarse de grandes potencias, esta guerra comercial se ve aumentada notablemente. Expondré dos ejemplos que determinan algunas de las consecuencias derivadas de los aranceles y la guerra comercial en general.

Visto desde el punto de vista norteamericano, la propuesta de boicot sobre Huawei, una de las empresas de telefonía más importantes del mundo y de propiedad china, ha tenido una gran repercusión en medios y entre los consumidores. Este boicot consistía en dejar de dar soporte Android por parte de Google (una de las empresas más importantes del mundo y de Estados Unidos) a los dispositivos de la marca china, lo que provocaría que los consumidores optaran por otros modelos de teléfono y que la propia empresa tuviera que diseñar software particular (un sistema operativo propio).

Visto desde el punto de vista chino, la posibilidad de frenar y desestabilizar el proceso de producción de teléfonos IPhone de la marca Apple (norteamericana) ha sido una de las medidas valoradas como respuestas a la ofensiva comercial de Trump. Se calcula que un número elevado de IPhone se fabrican anualmente en territorio chino, debido a los bajos costes de producción, rompiendo así la idea que a veces nos sobrevuela de que estos smartphones se producen en Silicon Valley de la mano de los expertos informáticos de Apple.

Ambas estrategias son el resultado de un tira y afloja, tecnológico en esta situación, que tienen como objetivo debilitar y desestabilizar al otro bloque. Tras haber expuesto estos dos ejemplos, queda claro que durante el proceso de guerra comercial pierden ambas potencias, así como los consumidores.

¿Quién tiene el poder?

Estamos hablando de Estados Unidos y China, probablemente los dos países más poderosos del mundo por lo que el poder existe en ambos bandos en gran cantidad. Llegados a este punto, convendría matizar qué es el poder. Algunos sugieren que el conocimiento es poder, otros optan por vincularlo al poder militar, otros al tecnológico, pero sobre casi todos ellos recae el poder económico. El dinero es poder. Es por ello por lo que ambas potencias buscan atacarse económicamente en lugar de optar por los métodos bélicos tradicionales.

Si revisamos, grosso modo, los valores económicos de cada país, se puede observar un aspecto diferenciador que podría ser definitivo en esta guerra comercial. Se trata de la deuda norteamericana. Antes de entrar en comparativas técnicas, es preciso explicar a qué nos referimos cuando hablamos de deuda.

Como la propia palabra indica, contraer una deuda significa que debemos algo a alguien. Aplicándose al ejemplo presente, un país pide prestado dinero a otro con el fin de obtener inmediatamente este dinero y poder invertirlo, algo que sería más costoso y lento si en lugar de generar esa deuda, se esperase a tener el dinero por cuenta propia, es decir, si vamos a comprar una casa, será más sencillo pedir dinero a un banco como préstamo e ir devolviéndolo poco a poco, que esperar a tener todo el dinero en nuestra cuenta a raíz del sueldo personal.

En esta situación hablamos de cantidades monetarias muy elevadas y por tanto de deudas grandes, al menos en comparación con las deudas que puede tener un particular como el del ejemplo previo. Tras haber emitido esa deuda, el país deudor se compromete a devolverlo en un plazo determinado y con intereses si así se hubiera pactado. Dicho esto, ya se puede establecer la comparativa de deuda entre los dos bloques.

De acuerdo con los datos que ofrece el diario Expansión, la deuda total de Estados Unidos ha crecido rápidamente desde 2014, pasando de algo menos de 14 billones a 17 en el año 2017, teniendo también un aumento en la deuda respecto del PIB de un 104% a un 106%. Sobre esto último, el PIB se refiere al producto interior bruto, que no es otra cosa que el resultado de la siguiente cuenta:

PIB: C+I+G+ (X-I)

Es solo uno de los tres métodos para calcularlo, siendo en este caso C el gasto de las familias sin ánimo de lucro, I la inversión o gastos que hace la gente con el objetivo de obtener un beneficio, G el gasto público de la administración, X las exportaciones e I las importaciones. Con esto se busca conocer el valor de los bienes y servicios de un país, aunque tampoco es una magnitud exacta y 100% representativa de la situación de un país.

Retomando el aumento de la deuda norteamericana, podemos ver que desde hace un par de años, Estados Unidos tiene una deuda mayor que su PIB. Por otro lado, China tiene una deuda cercana a los 5 billones, con un 47% de deuda sobre su PIB. Comparando ambos datos, nos queda claro que Estados Unidos debe mucho más dinero que China, pero esto por sí solo no tiene el total significado que se pretende explicar.

La cuestión fundamental de la deuda en la guerra comercial no es solo cuánta sino a quién se debe ese dinero. Es aquí donde radica una de las cuestiones principales y una de las posibles claves del desenlace del conflicto. El país que más deuda estadounidense tiene comprada o, dicho de otro modo, el país al que más dinero le debe Estados Unidos es China. Se estima que algo más de un billón de los dieciocho que debe Estados Unidos, pertenecen a China. ¿Qué supone esto? China tiene poder en este aspecto sobre los norteamericanos al tener la posibilidad de vender estos bonos para recuperar dinero prestado y crear una crisis a su rival económico.

¿Entonces de qué depende el desenlace del conflicto?

Al final no deja de ser una competición entre dos potencias por ser la más dominadora del mundo en términos económicos. China nunca ha sido partidaria de decisiones drásticas en este aspecto ni de “hacer mucho ruido”. Esto último se puede ver tras los continuos ataques verbales del presidente Trump, amenazando con ser el último que golpee en esta pugna económica.

Volviendo a lo expuesto anteriormente y con el objetivo de dar respuesta a la pregunta generada, China tiene en sus manos la posibilidad de manipular esa deuda para dañar la economía estadounidense, pero todavía no ha tomado medidas tan drásticas. Uno de los motivos principales es que los asiáticos provocarían con este acto la caída del dólar, algo negativo para ellos mismos dado que han optado por mantener débil su moneda (el yuan), invirtiendo en dólares para beneficio personal. Dicho de otra forma, adoptar esta medida afectaría gravemente a Estados Unidos, pero también a China, por lo que no sería un golpe definitivo en la guerra comercial ni una decisión que tomar a la ligera. Como añadido se presenta la idea de que China no quiere hacer tambalearse el mercado para mantener y ganar más la confianza de este.

Pese a la repetición de diversos mantras como el que asegura que la economía norteamericana con Trump va mejor que nunca, lo cierto es que en el aspecto económico es China quien tiene la sartén por el mango. La sola posibilidad de hundir el dólar con la venta de deuda ya es una demostración de poder sobre el rival para que ande con pies de plomo. Desde la administración Trump parecen hacer caso omiso a las advertencias y persisten en sus medidas arancelarias y en las amenazas verbales e incluso en aventurarse a proclamar la victoria en la guerra comercial en un futuro próximo.

El caso de Huawei es perfecto para apoyar esto último y demostrar que sin “hacer ruido” y sin decir una palabra más alta que otra se puede generar amenaza. Pese a la iniciativa de Google de dejar de dar soporte a Huawei con Android, los datos económicos de acuerdo con el diario El Español reflejan que hasta el pasado mes de junio las ventas de la empresa china crecieron más de un 20% aun teniendo la nube de amenaza de Google encima. Desde Huawei apuestan por seguir utilizando Android si se lo permiten, pese a todo.

Con esto se puede apreciar que, pese al amago de boicot sobre la empresa oriental, los datos financieros no han variado y siguen reflejando un crecimiento notable. La expansión de negocios chinos por todo el mundo es algo que se puede ver fácilmente, como la reciente apertura de una tienda física de Aliexpress en Madrid.

En resumidas cuentas, el panorama sigue siendo prácticamente el mismo que hace un año; ambos países establecen aranceles e intentan debilitar al oponente, pero el factor deuda sigue estando presente. Es bien conocido por todo el mundo que la administración china no opta por juegos verbales y negociaciones basadas en la amenaza, sino que actúa. Si finalmente China decide actuar en lugar de mandar mensajes en forma subliminal como el crecimiento de Huawei pese a las trabas propuestas, veremos la capacidad real de actuación del país oriental y cómo termina afectando a la economía estadounidense. Lo que sí está claro que una cosa o la otra perjudicará al consumidor, especialmente al consumidor de productos tecnológicos o de comercio online. La previsibilidad no es un factor decisivo en este asunto, más teniendo en cuenta las próximas elecciones de 2020 en las que Donald Trump tendrá que salir reelegido si pretende seguir con la guerra comercial. Aunque puestos a hablar de previsibilidad, quizás Donald Trump no sea el mejor ejemplo.

Víctor Sánchez Franco

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